Siempre que alguien se me acerca buscando referencias acerca de quien no conozco, le recomiendo hablar con los creativos de su agencia de publicidad y solicitarles el apodo que ellos, los creativos, le han puesto al investigado en cuestión: no conozco a ningún otro gremio con tanto tino e ingenio para ponerles apelativos a sus clientes.
Tal fue el caso de Miguel Media Mora, ahora alto ejecutivo de Citibank pero a quien, debido a su alta dosis de mamilez, mientras estuvo en Banamex los creativos de su agencia le pusieron el remoquete del Mamón Más Mamón. Digo, por las tres emes de su nombre.
Pues bien, ahora, aunque parezca increíble, ya hay alguien que incluso supera en mamonería al TripleEme: se llama Ramón Alberto Garza y es periodista de altos vuelos y muy reconocido en lo suyo.
Durante años y mamones días, él fue primero director de Reforma y luego de El Universal, diarios de los que acabó corrido por lo mismo. Con la derrota a cuestas se regresó a su natal Monterrey, NL., donde logró crear el diario virtual de más éxito en la nación, cosa que le animó a llevar dicha publicación a la letra impresa, en la capital del país, bajo el nombre de Reporte Índigo.
Se trata de un diario tamaño tabloide que se vende, a un precio de 10 pesos el ejemplar, en algunos cruceros de Polanco y Las Lomas. Hay que reconocer que su información es por demás amena e interesante por lo que, estamos seguros, el periodiquito habrá de ver tiempos mejores.
Mientras que son peras o son manzanas, los creativos de la agencia en turno ya le pusieron al susodicho el apodo de Mamón Alberto.
Pero… ¿qué creen? Que en Reporte Índigo escribe un viejo amigo nuestro: Santiago Pando. Aquel que estuvo a punto de convertirse en uno de los más grandes publicistas de este principio de siglo, sobre todo después de que creara la campaña que llevó a la presidencia a Vicente Fox, pero que cometió Santiago, el grave error de subirse a su ladrillo y creerse muy bueno, con lo que su mamonería lo acabó llevando al exilio, (Dios los hace y ellos se juntan).
Y ahora él, Santiago, vive en Guadalajara, Jal., desde donde escribe una columna para Reporte Índigo. Columna a cuyo principio aparece la foto del amigo al que no veíamos desde hace más de diez años: el tiempo no ha sido amable con él.
Las nieves del tiempo blanquearon su sien e hicieron más amplia su frente: sin estar completamente calvo, tiene unas entradas que más bien parecen salidas del Estadio Azteca. Su mirada luce cansada y sin brillo. Aunque cabe suponer que, a lo mejor, el día que lo retrataron andaba pacheco. ¡Pero su pluma es espléndida! La mejor del Reporte Índigo diría yo.
Mil veces mejor que cuando conocimos al entonces Santiago El Niño como poeta y cuentista. De ahí que recomendemos a nuestros lectores leerlo siempre que puedan: compren el Reporte Índigo, busquen la foto del amigo y lean su prosa. Vale mucho la pena, se los aseguramos.