En memoria de Eulalio Ferrer Rodríguez
El pasado martes 24/01/09, a las 23:30 horas, falleció mi maestro Eulalio Ferrer Rodríguez, a los 89 años de edad. Nació en Santander, Cantabria, España el 26 de febrero de 1921. Llegó a México en 1940, como exiliado de la Guerra Civil Española.
Antes de eso, dado que perteneció al ejercito republicano, permaneció recluido varios meses en un campo de concentración, en Francia, esperando al buque que habría de trasladarlo a tierras mexicanas.
Allí cambió su abrigo militar por un ejemplar de El Quijote de la Mancha, que leyó y releyó varias veces durante los meses que duró su confinamiento: eso lo convirtió en el fervoroso cervantista que fue hasta el último día de su vida.
Muchos años después, como recuerdo de esa época, Ferrer escribió su libro “Entre alambradas”, donde narra esa y otras anécdotas siendo una, en especial, la que más llamó nuestra atención: el encuentro entre el autor y el poeta Antonio Machado.
Es una narración desgarradora, que acontece muy cerca de la frontera entre Francia y España y que nos pinta a un Machado destruido por la guerra; postrado por el cansancio y el sufrimiento, incluso al borde de la locura.
Ya en México, Eulalio Ferrer fundó y dirigió, durante varios años, la revista “Mercurio” hasta que, en 1946, fundó Anuncios Modernos, agencia que en 1960 se convirtió en Publicidad Ferrer y que en 1982 llegó a ser líder del mercado ocupando esa posición durante más de un lustro.
Cuando yo conocí a Publicidad Ferrer y a su presidente y fundador fue porque, al igual que muchos otros negocios de su tipo, la agencia se esforzaba por salir de una mala racha: después de haber perdido casi todas sus cuentas, en una jugada maestra, como sólo él solía y podía hacerlas, Don Eulalio renunció a la cuenta de Brandy Viejo Vergel… para tomar, casi casi al día siguiente, la de Casa Pedro Domecq.
Entonces, el Sr. Ferrer contrató a Alfredo Weitzner como director de la agencia y con él llegamos un pequeño grupo de otros profesionales, a entrarle a esa chamba, dada la urgencia por salvar a la agencia, con 16 horas diarias de labor de lunes a sábado.
Pero el esfuerzo valió la pena porque, en muy poco tiempo y bajo la guía del Sr. Ferrer surgieron campañas tan memorables y exitosas como “El brandy que tiene el don”; “Padre Kino qué padre vino”; “Vinos los Reyes engrandecen el arte de vivir”; “Una mano amiga, tradición que obliga” y muchos otras, no sólo para Domecq, sino para otros clientes como Gigante, Iberia, Banamex y muchos más.
Ese trabajo me permitió conocer a un Ferrer enérgico, pero bondadoso, con quien continué manteniendo una estrecha amistad no obstante, de ya no trabajar en Publicidad Ferrer: a lo largo de los años pude coleccionar una considerable cantidad de sus libros, muchos de ellos dedicados por el autor, que ahora conservo celosamente.
Una de las anécdotas poco conocidas de Ferrer fue que él es el creador del término “comunicología”, que creó en un afán de darle un mayor lustre científico a la publicidad… y poder cobrar mejor sus servicios.
Y es que, siempre visionario, al poco tiempo de tener su propia agencia, Don Eulalio se dio cuenta de que, la única manera de liberarse de la guerra de tarifas y de clientes entre los medios, era separando el talento de la técnica para cobrar al primero en lo que realmente vale: a precio de oro.
Aunque nunca lo confesó abiertamente, por sus acciones y ciertos comentarios, nuestro hombre siempre se mostró un tanto incómodo y hasta apenado por ganar tanto dinero en la publicidad, algo que sus amigos intelectuales le criticaban y al mismo tiempo le envidiaban de manera notable: como buen pensador, Don Eulalio gustaba de la compañía de escritores, pintores y demás artistas a los que incluso apoyó no pocas veces cual mecenas de nuestros tiempos.
Esa combinación de arte y técnica, que sólo Eulalio Ferrer supo aterrizar de manera concreta al campo publicitario, le permitió a Publicidad Ferrer ser una agencia muy exitosa durante mucho, mucho tiempo… y convirtió a nuestro maestro en un hombre lo bastante rico como para vivir a cuerpo de rey.
De hecho estoy convencido de que es el profesional que más dinero ha ganado en la historia de la publicidad de este país.
Y para muestra basta un botón: el edificio de Miguel Ángel de Quevedo e Insurgentes Sur, en pleno corazón de San Ángel, (una de las zonas más bonitas de la Ciudad de México), en cuyo pent-house se encuentra todavía Publicidad Ferrer, es propiedad íntegra de esta última empresa… ¡y tiene sus buenas rentas!
De los premios y nombramientos distinguidos que Ferrer recibió a lo largo de toda su vida por su labor en pro del castellano como lengua ya se han ocupado los demás medios en forma profusa por lo que a mí me toca señalar sólo una cosa al respecto: él defendió el término publicista para definir al que se dedica a la publicidad por ser más propio y descriptivo del “publicitario”, que se usa en España y otros países de América Latina y que es erróneo toda vez que se trata de un simple adjetivo calificativo.
Y concluyó su defensa con una muy célebre perla: “soy un re-publicista en la república de la publicidad”.
Por cierto que, entre otros términos similares, don Eulalio aludió a modista, dentista y periodista.
Como cervantino de hueso colorado, Ferrer pasó gran parte de su vida atesorando libros, pinturas y esculturas del Quijote, mismas que después donó al Museo Iconográfico del Quijote.
El día de la inauguración y entrega de dicho inmueble, (que él restauró con sus propios recursos), Eulalio Ferrer recibió un justo reconocimiento de Felipe González, entonces presidente de España, quien dijo: “Eulalio Ferrer es, con toda justicia y por méritos propios, el más español de los mexicanos y el más mexicano de los españoles”.
Descanse en paz.

