La primera vez que, hace ya algunos años, asistimos al estreno en México de El Fantasma de la Opera, no teníamos tanta experiencia en la producción de espectáculos teatrales por lo que no apreciamos, como ahora, todo lo que sucede en esa escena, su tramoya, sus efectos especiales, su vestuario, su maquillaje… en suma, su gran producción… ¡que es magnífica en todos aspectos!
Por lo que enviamos desde aquí nuestra más sincera felicitación al Sr. Federico Bellone su director y escenógrafo por el excelente trabajo ahí desempeñado.
En lo personal, hubo una escena, (si así se le puede llamar), que nos impresionó de todo a todo: al final del primer acto, el personaje de El Fantasma sube a un candelabro, de esos que pesan toneladas y lo columpia en repetidas ocasiones con dirección al público hasta que, en el último vaivén, el candelabro se incendia y el Fantasma suelta una carcajada aterradora… justo cuando las luces se apagan y el teatro queda en una oscuridad aterradora.
Otra cosa que me sorprendió fue una estructura escenográfica de varias toneladas de peso, sobre la que se montan diversos escenarios, pera que gira sobre su eje para mostrar al público diversos escenarios en segundos: quien la ideó es un genio.
Y podría seguir narrando las muchas otras maravillas que vi ese día, pero prefiero recomendarte que no dejes de asistir a ver El Fantasma de la Opera, en su segunda temporada.
Hazlo antes de que el Teatro Insurgentes, como en la película Sing, se derrumbe de viejo… ¡urge que sus propietarios lo renueven porque huele, se ve y se siente más que viejo!
No hacerlo YA, es una falta de respeto para el público.







