Siento que la canción “Cuando un amigo se va” de Alberto Cortés adquiere mayor relevancia en ocasiones como ahora, que ha fallecido Ricardo Ampudia Malacara.
Yo conocí a Ricardo a fines de la década de los sesenta, en el siglo pasado, en la ETP: yo iba en primero de la carrera y él ya estaba en licenciatura. Su papá, Don Raymundo Ampudia, tuvo la visión de encaminar a uno de sus hijos, en este caso Ricardo, a la carrera de publicista. Y no se equivocó. Ya como profesionista, Ricardo fue un gran publicista, un destacado político, un muy querido maestro y, ante todo, un gran padre de familia.
Insisto en que yo lo conocí en nuestras épocas de estudiantes, en las que él fue particularmente generoso amigo: como el joven Ampudia colaboraba con su papá en Editorial Caballero, una revista semanal “para gente grande”, en varias ocasiones me permitió escribir para ese medio diversos artículos. Y en otras, participar en producciones que me permitían ganar mi buen dinero para la época. Eso lo hizo Ricardo, repito, como una ayuda al compañero de la escuela por lo que espero que Dios se lo pague.
Y luego, cuando ambos fuimos profesionistas, seguimos siendo grandes amigos: él fue cónsul, subsecretario, embajador, director de infinidad de instituciones, fundador de escuelas, secretario de gobierno y muchas otras cosas.
Se casó con Emma Rovirosa, con quien tuvo tres espléndidos hijos, Roberta, Leandro y Ricardo. Pero no obstante a todos sus logros profesionales, ante todo turísticos en pro del país, Ricardo Ampudia nunca dejó de ser un ex-alumno de la ETP. Siempre que pudo, nos acompañó a las comidas de ex-alumnos y se sentó a brindar junto a todos nosotros, por lo bien que la vida nos trató… ¡porque asistimos a la ETP!








