Memoria viva...
En ALVANI Tunes celebramos un lanzamiento que no sólo suma canciones: abre una puerta cultural. Este álbum de folklore mexicano en Náhuatl reúne cantos que conectan tradición y presente, sosteniendo una idea central del mundo Náhuatl: in xōchitl in cuīcatl (“la flor y el canto”), es decir, la belleza como ofrenda, palabra florida y verdad emocional.
“Flor y Canto… Nahuatl”
Lejos de tratarse de un “arte de museo”, aquí el náhuatl aparece como acto de pertenencia: cantos que se sienten “familiares y nuevos a la vez”, resonando con ecos remotos pero floreciendo en la sensibilidad contemporánea. 
De lo ceremonial a los grandes cancioneros del siglo XVI
El repertorio dialoga con fuentes fundamentales de la poesía náhuatl. Por ejemplo, Ma ye toconican aparece como canto anónimo incluido en Romances de los señores de la Nueva España (siglo XVI), y se entiende como xōchicuīcatl (“canto florido”): una invitación colectiva al gozo, la comunidad y lo sagrado.
También se retoman fragmentos y cantos asociados a Cantares Mexicanos, una de las compilaciones más importantes del siglo XVI. El “Inicio de los Cantos Llanos” invoca a Ipalnemohuani (“Aquel por quien vivimos”) y subraya algo esencial: estos textos no sólo se leen, se activan, “no relatan hechos; los provocan”, convocando a cantar como experiencia ritual.
La selección incluye además contrastes emocionales poderosos: el Canto XLII (Nanacaoctli) parte de la referencia a una bebida ritual ligada a hongos y, en lugar de celebración, abre un registro de quebranto y vulnerabilidad: una evidencia de que la poesía nahua también nombra la herida y la conciencia del dolor.
Puentes culturales: del barroco novohispano a la espiritualidad comunitaria actual
Una joya del álbum es Notlazohtla (“Amada mía”), que se presenta como un puente vivo: poesía de raíz antigua que en el siglo XVII fue adaptada en Tlaxcala/Puebla dentro del barroco novohispano, en prácticas donde maestros de capilla musicalizaban textos en náhuatl, y que hoy vuelve a sonar en contextos comunitarios (temazcales/círculos rituales), manteniendo su doble lectura: amor humano y amor espiritual.
Sonido real (y por eso, cinematográfico)
Este álbum está construido con instrumentos acústicos y timbres tradicionales: tlapitzallis (flautas de barro), huehuetl, teponaztli, atecocolli (caracola), ocarinas, silbatos y más, interpretados por un ensamble donde destacan voces femeninas y masculinas y una paleta de aerófonos/percusión indígena.
En pantalla, eso se traduce en algo clave: textura. Son sonidos que no “simulan” lo ancestral: se sienten físicos, respirables, con aire, madera, barro y piel.
Por qué funciona tan bien en cine y televisión:
Este repertorio es especialmente valioso para supervisión musical porque ofrece identidad sin cliché:
∙ Ritual / espiritualidad contemporánea: cantos que construyen atmósfera sin volverse “folklor turístico”.
∙ Celebración comunitaria / escenas de unión: xōchicuīcatl como energía colectiva (aperturas,
reuniones, fiesta ceremonial).
∙ Amor / dualidad emocional: Notlazohtla puede funcionar tanto en romance humano como en simbolismo espiritual.
∙ Secuencias introspectivas: Nanacaoctli abre espacio a lo frágil, lo onírico y lo existencial.








