Últimamente no pasa un día sin que me pregunte de dónde salió Donald Trump y cómo fue que los gringos lo eligieron como a su presidente. Que los mexicanos no cantamos tan mal las rancheras en ese aspecto: aquí elegimos a López Obrador con estudios, apenas, de segundo de secundaria.
El Sr. Trump se queja de que, por producir en el extranjero, a Hollywood se lo está llevando patas de cabra: ¿y el talento, qué no cuenta? La verdad, no es que aquí cobremos más barato: tenemos más talento. Así, lo que en California se lleva a todo un equipo de especialistas y muchos días de trabajo, aquí en México, lo mismo, lo hacen uno o dos pelados y en el mismo día. Rápido, bonito y barato. Y ante eso no se puede hacer nada. Bueno, sí: caben los berrinches y los pleitos de Trump.
¿Qué vamos a hacer entonces nosotros, los creativos mexicanos?
Lo primero que tenemos que hacer es despertar y darnos a notar. Ya basta de esperar que CANACINE y compañía nos resuelvan todo. No lo van a hacer porque no saben hacerlo.
El año pasado produjeron la película de “Casi el paraíso”, que fue un total fracaso de taquilla. Igual que la serie de “Cien años de soledad”. Pero los cineastas nacionales insisten en que el gobierno de este país otorgue un tratamiento fiscal a nuestros productores para que paguen menos impuestos y así se repongan en lo que no ganaron en la filmación. No nos hace falta: tenemos talento y eso se paga muy bien.
Ya es hora de hacernos notar para que todos los demás nos volteen a ver. Como se dice en este gremio: el talento se ve en pantalla. Y eso no tiene precio.







