Por Karenth Rojas, Diseñadora gráfica / Creative Strategist & Brand UX/IU Designer.
- El multitasking dejó de ser una habilidad para convertirse en una condición que impacta el valor estratégico del diseño.
- Hoy ser diseñador ya no significa diseñar. Significa sostener un sistema que exige todo… y valora poco.
Durante años, la industria ha empujado a los diseñadores a expandir sus habilidades: aprender más herramientas, entender más procesos, adaptarse a distintos roles. En papel, eso suena a evolución. En la práctica, muchas veces se traduce en otra cosa: multitasking extremo, responsabilidades difusas, urgencias constantes y, en muchos casos, compensaciones que no corresponden al nivel de exigencia.
El problema no es aprender más. El problema es el contexto en el que esas habilidades se utilizan.
Porque en el día a día, el tiempo no está diseñado para pensar, sino para reaccionar. Y cuando eso ocurre, el diseño deja de ser un proceso para convertirse en una cadena de entregas. La creatividad se adapta, se acelera… y eventualmente se diluye.
En teoría, existen metodologías que prometen orden y eficiencia: SCRUM, Kanban, Pomodoro, time blocking. Sin embargo, todas parten de una condición que no siempre existe en la industria creativa: tiempo respetado, procesos claros y prioridades definidas.
La realidad es otra.
Los cambios de último momento son constantes. Las prioridades se mueven sin aviso.
Lo urgente desplaza a lo importante.
No se trata de falta de disciplina individual. Se trata de sistemas que no están diseñados para sostener el trabajo creativo.
En ese entorno, el multitasking deja de ser una habilidad valiosa y se convierte en un mecanismo de supervivencia. Los llamados “bomberazos” no son excepciones: son parte de la operación diaria. Y cuando ese ritmo se normaliza, las consecuencias son inevitables: baja la calidad, se aceleran las decisiones y el diseño pierde profundidad.
Con el tiempo, el desgaste no solo es operativo, también es creativo.
En esta búsqueda constante del “diseñador todoterreno”, hay una pregunta que pocas veces se pone sobre la mesa ¿realmente falta talento… o falta tiempo para ejercerlo correctamente?
Porque mientras más responsabilidades se concentran en una sola persona, más se diluye el valor estratégico del diseño. Pasa de ser una disciplina que construye significado a una herramienta que simplemente ejecuta.
Y ahí aparece una contradicción difícil de ignorar: el diseño es una de las herramientas más utilizadas dentro de la industria… y al mismo tiempo, una de las más subestimadas.
Estrategia lo necesita para comunicar. Marketing lo necesita para convertir. Operación lo necesita para ejecutar. Pero rara vez se le reconoce como una pieza central en la toma de decisiones. Tal vez por eso se le exige tanto… y se le cuida tan poco.
Si el diseño no fuera tan importante, no recaería sobre él la responsabilidad de sostener tantas áreas al mismo tiempo. Y, sin embargo, sigue tratándose como un recurso flexible que puede absorberlo todo.
Entonces, la pregunta no es si el multitasking es bueno o malo. La pregunta es por qué se volvió un requisito.
Porque el problema nunca fue que el diseñador supiera hacer de todo. El problema es una industria que aprendió a exigirlo… sin hacerse responsable de lo que eso implica.
Mientras el diseño siga tratándose como ejecución, el multitasking no será una habilidad… será una condición para sobrevivir.







