Como ya se me quemaban las habas, lo primero que hice durante el puente de fiestas patrias, fue aprovechar el tiempo para ver completa la serie de Netflix, “Las Muertas” de Luis Estrada: me la eché toda de un jalón y en una sola sentada. Está magnífica. Y me atrapó desde el primer instante en que una de las hermanas Baladro entra pistola en mano a una pobre panadería de pueblo para matar a su enamorado, al que ya se la había sentenciado, con la frase “eres mío o de nadie”. Y de ahí me seguí hasta el fin de la serie: ya no pude despegar los ojos del monitor.
Con “Las Muertas”, Luis Estrada se ha superado en todos aspectos: en el casting, en el guion, en el vestuario, en todo. La serie está magníficamente ambientada en varios pueblos del Bajío y la colección de carros de época, (sobre todo una ambulancia de la Cruz Roja) está ahora sí que de película. Y ni qué decir del reparto actoral: son más o menos cuarenta los actores, encabezados por nuestro querido “Cochiloco”, quien ahora desempeña el papel de un corrupto capitán de nuestro ejército.
Y bueno, cuando uno observa al detalle el trabajo de un staff cien por ciento mexicano, no pude dejar de comparar a “Las Muertas” con “Cien Años de Soledad“ ya que ambas pasan por Netflix. Segú lo que nos platicaron, a los hijos de Gabriel García Márquez se les hizo fácil irse a producir a Colombia para aprovechar los beneficios fiscales que aquel país hermano está ahora ofreciendo a las productoras que le llegan de fuera: si uno se pone abusado, se puede conseguir que le regresen hasta el 40% de la inversión total. Solo que hay que tener cuidado porque, como ya dijo Pedro Torres, “al final la calidad se ve en pantalla y eso el público lo nota”. Y la verdad es que en “Cien Años de Soledad”, la serie, hay muchas deficiencias que se le notan.
Para empezar, el reparto de actores, a base de puros desconocidos, se siente más que flojo. Yo me esperaba ver a unos Arcadio Buendía y Amaranta Úrsula encarnados por una pareja de soberbios actores. Y no fue así: para nada. Ya con esa deficiente patada de inicio, el resto de la serie se quedó en el ya casi. A no ser por las magníficas mujeres que ahí aparecen, el resto de los elementos, las locaciones, la actuación, la fotografía y todo lo demás deja mucho que desear.
Lástima porque tuvieron en sus manos a la mejor historia del siglo, a la ganadora de un premio Nobel, y solo la resolvieron a medias. Yo les pondría un siete de calificación.
Como buen fan de la historia original me pasé toda la víspera de su estreno en pantalla esperando ver con qué clase de mujer iban los productores a resolver al personaje de “Remedios la bella, la mujer más hermosa del pueblo en su época”. ¿Y qué creen? Ya ni me acuerdo. Estuvo tan mediocre la actriz y su actuación, que me pasaron de noche.
Todo lo antes escrito me lleva a la conclusión de que ya tenemos en México a la mejor industria productora de contenidos en español del mundo y ya debemos de luchar para que todo mundo se entere de ello. Pero no tratando solo de que el gobierno ofrezca rebates u otra clase de incentivos fiscales que, cuando están mal otorgados, solo sirven para generar a las productoras neófitas, como ya lo vimos en el caso de “Cien Años de Soledad“.
No nos toca a nosotros el sugerir alternativas: nuestro trabajo debe limitarse solo a señalar lo que está mal y aplaudir cuando así lo amerite la situación. Como ahora en el caso de “Las Muertas” que, por cierto, se filmó totalmente, en cuanto a interiores, en los Estudios Churubusco, en donde las técnicas y manuales de este país hicieron maravillas con la escenografía en cuanto a calidad a buen precio.








