La semana pasada se dio a conocer que, ante la falta de recursos para afrontar los arreglos que la FIFA le exige, Emilio Azcárraga Jean optó por lo más fácil: vender el nombre del estadio que lleva ya casi 60 años, (se inauguró en 1966) siendo uno de los referentes del deporte mundial. Así, trascendió que Banorte le pagó a Emilio la suma de 2,100 millones de pesos, que la empresa propietaria del Azteca está ya invirtiendo en la remozada que el Colosio necesita para estar listo para el Mundial del Fútbol 2026 en Norteamérica.
De acuerdo al “Contrato de Patrocinio” que se dio a conocer, la vigencia del mismo es por 12 años e incluye derechos y beneficios por señalización anuncios, publicidad y uso de productos y productos y servicios dentro del invisible. O sea que si quiero hacer una activación dentro del flamante Estadio Banorte, “El estadio fuerte de México” durante un equis partido, tengo que entrarle con mi cuerno con el Banco.
Que falta ver cómo está el contrato con la FIFA, quien tiene fama de ser voraz depredador en todo cuanto es comercial. Por ejemplo, se dice que, cuando sucede un mundial, el dueño de los estadios sedes solo recibe el 20% de las entradas y debe entregar al lugar limpio de todo tipo de letreros y/o publicidad, ya que la FIFA es quien negocia esos espacios a nivel internacional. A ver si no, otra vez y conforme a su costumbre, se vuelven a llevar al baile a Televisa.
Lo que sí, que sigue en suspenso el qué va a suceder con los dueños de los palcos y perpetuidad en el aún Estadio Azteca ya que ellos son propietarios con todos los derechos y la FIFA, de abusiva, no quiere reconocerlo.
Al punto, trascendió que nuestro amigo Justino Compeán, tan hábil para eso del fútbol, ha sido nombrado para esas negociaciones. Y se empieza a calentar el ambiente publicitario con motivo del Mundial.







