Finalmente, ya NO nos fue posible conseguir entradas para ninguno de los partidos, que se jugarán en la CDMX, con motivo del Campeonato Mundial de Fútbol 2026.
Independientemente de que los acaparadores y revendedores se dieron vuelo, los precios de esas entradas se fueron a las nubes. Y NO es para tanto: está bien que sí, pero no.
Lo que NO quiere decir que, como buenos mexicanos, vayamos a perdernos de la fiesta… ¡nada de eso! No porque estamos conscientes de que somos ya el único país en donde se ha realizado tan apasionante certamen por tres veces. Y, como dijera la chichitibum justo en el momento más oportuno, “este campeonato lo vamos a celebrar”.
Y vamos a vivirlo de la mejor manera: frente a un televisor, con los amigos y la familia, con buena comida y unas buenas bebidas… ¡y con el mejor público de este planeta! Con el público mexicano que goza de la fama de ser alegre, burbujeante y ocurrente.
Con esa idea y después de pensarlo un rato, este reportero llegó a la conclusión de que el mejor sitio para gozar de este Mundial es una cantina: la tradicional cantina mexicana, que tanto hemos visto en las pantallas desde la época de oro del cine mexicano. Solo que ahora ambientada con maxipantallas de LED’S, de fidelidad absoluta, a través de la cual puede seguirse cada partido, cada jugada, cada lance y cada gol.
Son las cantinas de la CDMX en las que, durante el último medio siglo, ha sucedido un singular fenómeno del que ahora nos estamos dando cuenta: la comida de todos los días, esa que se sirve a diario en todos los hogares mexicanos, se ha pulido y mejorado para transformarse en una gran cantidad de delicias gastronómicas. Pero sin perder su esencia popular de “acá mismo”.
Pongamos, por ejemplo, al mole de olla. Se trata del universal puchero o caldo de res, al que se le añade todo tipo de verduras: papas, chayote, ejotes, calabazas, elotes y zanahorias. Solo que a la versión mexicana se le pone, también, un poco de salsa de chile pasilla o ancho. Lo que, sin ser picante, le añade un exquisito sabor… ¡único en el mundo! (Si tienes suerte, querido lector, puedes pedirlo con xoconostles, una tuna verde, pero que no siempre hay en existencia).
¿Y en dónde se puede saborear esa delicia…?
Ya dijimos que en una típica cantina de la CDMX, en donde se sirve como botana, mientras saboreas una cerveza y ves el partido del día en la pantalla… ¡eso es vida!
Y aunque existen miles de establecimientos de este tipo en la CDMX, por razones turísticas y de cercanía nuestra sugerencia, lector querido, es que te ubiques y te concentres en la zona geográfica de las colonias Roma, Nápoles, Escandón y Condesa, que se sitúan al centro de la gran urbe: son muy conocidas y están bien comunicadas tanto por el S.T.C. Metro, como por el transporte público.
El servir botana es una práctica cotidiana y ancestral en México, en donde las raciones son pequeñas, pero variadas: se trata de probar un poquito de todo, para llegar más tarde a casa a cenar.
En esa sobriedad radica, a mi juicio, el que la botana de cantina sea tan rica y sabrosa, a un precio bastante accesible: la mayoría de los establecimientos mencionados y ubicados en las colonias referidas ofrecen un paquete de dos tragos de bebidas nacionales, acompañados por tres variedades de botanas, por tan solo 20 dólares.
Lo cual, creemos, es una ganga porque incluye bebida, comida y diversión: pero mucha diversión para todos.








