Nunca he sido la persona más decidida, y eso también aplica a cómo llegué al mundo digital. A los 18, me pidieron que eligiera mi futuro… ¿absurdo? Bastante.
Fingí seguridad: estudié Comunicación Visual convencida de que sería productora o directora. Incluso hice mi servicio en una casa productora, porque claro: yo iba a gritar “¡acción!” en una peli de Guillermo del Toro (manifestando).
Pero la vida no se guía por nuestras carpetas de Pinterest. Heme aquí: diseñando redes, armando campañas, descifrando formatos y corriendo contra deadlines. No era el plan, pero terminé amándolo. Aunque eso sí: el camino fue todo menos recto.
Entre briefs confusos, entregas para ayer y correos de “hay ajustes” sin explicación, descubrí que el mundo digital es tan creativo como impredecible. Como mi vida: desordenada, pero con intención.
Hoy soy líder digital. No gritó “¡acción!”, pero sí entro a juntas donde dan ganas de actuar (sobre todo cuando me repito mentalmente: “TODO ESTÁ BAJO CONTROL”).
Esta nota va de eso: una especie de guía no solicitada para navegar el rush creativo, sobrevivir a los briefs de cinco líneas y, si hay suerte, encontrar algo de claridad entre tanto estímulo. Y sí, también va sobre cómo Excel —sin aviso previo— se volvió parte de mi proceso creativo. No lo vi venir. Pero aquí estamos.
Sobrevivir en lo inmediato sin rendirte a lo genérico
Vivir en digital es como vivir en una gran ciudad: todo pasa con urgencia, y si te detienes un segundo, ya vas tarde. En contraste, piensa en tu pueblito favorito: tan tranquilo que, al poco rato, ya extrañas el caos de la ciudad.
Así se siente crear contenido hoy: una carrera de reacción donde las campañas deberían estar listas antes de pensarse. Ahí está el reto: no perder intención ni criterio entre tanta prisa.
No se trata de idealizar el perfeccionismo, sino de aprender cuándo ceder y cuándo insistir. Con el tiempo, si no dejas de proponer, ganas algo valioso: confianza. Ese pequeño margen para colar algo más tuyo.
¿Y si lo explico con una referencia pop?
Decir que Guillermo del Toro llegó al Laberinto del Fauno solo por su carisma es como decir que una campaña funciona solo por estar “bonita”. Antes de eso, dirigió Mimic, una peli de monstruos que no fue mala… pero tampoco fue suya.
El estudio la modificó hasta diluir su visión.
“Fue la peor experiencia creativa de mi vida. Fue humillante. Sentí que estaba dirigiendo una película que no era mía.” — Memo
Pero no se rindió. Siguió creando hasta que su universo fue imposible de ignorar. No empezó con su obra maestra, pero llegó a ella porque no abandonó su visión.

¿Y qué me deja eso a mí?
Que una buena campaña no se trata solo de ser disruptiva. Se trata de entender por qué conecta, cómo mejora y qué quiere decir. Incluso si, al inicio, nadie más lo ve.
Claro que disfruto cuando las ideas se ven bien, pero más aún cuando hacen sentido.
Algunas piezas deben gritar, otras incomodar, y otras simplemente fluir. Y aunque todo dure 15 segundos y se vea en 2x, que esté bien hecho sigue marcando la diferencia.
No todo se va a aprobar, pero saber cuestionar, replantear o afinar… también es liderar.
Pensar dos veces no frena: enfoca.
¿Qué haría Marty McFly?
Probablemente algo raro, innecesario o adelantado… pero que, con el tiempo, tendría todo el sentido. No para forzar el futuro, sino para atreverse a pensarlo distinto.
Quizá por eso Marty sería un buen líder: alguien que mira hacia adelante sin olvidar lo que aprendió en el camino. Y eso, en digital, ya es ir contracorriente.
Cuando guiar también es crear
Antes pensaba que liderar era alejarme de lo creativo. Como si apagar fuegos o armar checklists fuera sinónimo de archivar ideas para siempre. Pero no. También se crea desde la visión. Desde sostener el desorden sin perderle forma.
Hoy organizo carpetas, diseño procesos, uso Excel (otra vez)… pero también ayudo a que las ideas se construyan con claridad. A veces extraño solo diseñar sin pensar en KPIs, pero ahora tomo decisiones sobre lo que antes solo ejecutaba.
Estoy aprendiendo a soltar, a escuchar más, y a dejar que la operación pase por más cabezas, no solo por la mía.
Y aunque siga dudando (porque liderar no es tenerlo todo claro), cada vez me convenzo más de que acompañar procesos también es una forma de crear.

Aquí no se acaba (pero pausa dramática)
No sé si algún día voy a sentir que “ya entendí el brief”, que tengo todas las respuestas o que delego sin culpa. Por ahora, hay días en los que soy muy digital lead, y otros en los que solo quiero abrir Illustrator y desaparecer. Supongo que ahí está el equilibrio.
He descubierto que una junta puede ser más creativa que un moodboard si hay claridad, escucha y ganas reales de construir. Que las ideas valiosas cuentan, sí… pero también importa quién las propone y cómo las defiende sin perder el rumbo… ni al equipo.
Ser creativa en digital no es solo hacer contenido: es pensar distinto donde todos quieren que pienses igual, sostener criterio aunque cambien las reglas, y defender la intención, incluso cuando todo se tiene que entregar para ayer.
Trabajar aquí ha sido como vivir mi propio guion: hay drama, giros inesperados y personajes que no pedí… y estoy yo, intentando no quedarme fuera de mi propia historia.
Porque al final, ser creativa en digital es eso: correr con los zapatos al revés… pero igual correr.








