Todos conocemos y recordamos a Jacob Hanneman por su paso, como creativo, en agencias como Ogilvy, Publicis o Starbrands. De igual forma, recordamos que es el marido de Claudia Vera, una de las mejores creativas de este país.
De lo que no estábamos tan enterados es que ellos son padres también, de una niña prodigio que, al paso del tiempo, ha crecido para convertirse en una destacada concertista de piano. Y como siempre, en estos casos, la mayoría de la gente se deja ir con la finta de la artista y olvida un tanto a sus padres, a nosotros nos pareció oportuno irnos a entrevistar a Jacob Hanneman, que así se llama nuestro amigo y vive entre Madrid, España y nuestra querida Ciudad de México.

Y es él, en persona, quien nos platica:
“Desde hace casi cuatro años decidimos que María debía de venir a Madrid para continuar con sus estudios, porque el Conservatorio Nacional de México, cerró un tiempo por motivos de pandemia. Por ese entonces María, nuestra hija, había ganado un concurso en Salzburgo, Austria y ello nos facilitó que entrara aquí, en España, a continuar sus estudios de piano.
María ahora tiene 20 años, desde muy niña dio muestras de interesarse en el piano. Fue algo que nos sorprendió, porque ni Claudia ni yo somos músicos y en nuestra familia solo hay melómanos aficionados. Por suerte, cuando a los 4 años María Hanneman Vera, dio muestras de querer estudiar piano, un tío suyo le regaló un pequeño piano y por ahí se siguió: desde entonces no ha dejado de estudiar en escuela tanto particulares, como oficiales.
Pronto, en la familia nos dimos cuenta que la vocación de María era grande: yo soy su principal fan y siempre la estoy animando para que participe en concursos de renombre: porque ese es el mejor camino para promoverse y para crecer profesionalmente, porque ahí se conocen muchos y muy buenos maestros.

Y te pongo el ejemplo del Festival de Tequila, en Jalisco, que cada año se hacía con el patrocinio de Casa Cuervo. Ahí conocimos al maestro David Rodríguez de la Peña, quien le tomó cariño a María después de oírla tocar y no ha dejado de ayudarla a seguir creciendo y progresando. Así, llegó el día en que María debía de entrar a la universidad y, obvio, eligió la carrera de concertista de piano, que vino a estudiar aquí, en Madrid: acaba de concluir el primer año y le faltan otros tres. Y toda la familia la apoyamos.
La tecnología ha hecho posible el home office y Claudia, la mamá y yo seguimos trabajando igual que siempre, para nuestros clientes en México: no paramos por nada, al contrario, la agencia está en una evolución constante acompañando tanto los avances tecnológicos, como las necesidades de nuestros clientes.
Yo no siento que nuestra hija, María Hanneman, haya sido una niña prodigio: fue una chiquilla con vocación por el piano y lo que nosotros, sus papás, hicimos, fue estimularla en sus gustos musicales. Insisto en que yo soy su fan número uno y estoy muy orgulloso de ella”, concluye Jacob Hanneman, creativo publicitario y copy, para más señas.
Y él no lo dice, pero nos imaginamos que para poder darle lo mejor a su hija, Jacob se acomoda unas friegas de perro bailarín, por lo que es justo y necesario reconocerlo… ¡aplausos! 








