Si algo nos queda claro, es que los publicistas sabemos vender, ¡y sí que lo hacemos! Transformamos estilos de vida, gustos y tendencias en algo sexy, algo trendy y por supuesto, algo deseable. Lo cotidiano lo convertimos en extraordinario y logramos que un objeto pueda tener sentimientos y ¡hasta su propia historia! Así que, ¿por qué no usar este talento para algo igual de grande?
No es novedad que como sociedad estamos en búsqueda de algo más. Hay una especie de ansiedad colectiva por encontrar un propósito, por entender el para qué estamos aquí. A mi parecer, este vacío se traduce en una necesidad de conexión auténtica, de empatía. Tenemos una oportunidad única de canalizarlo hacia algo transformador.
Ayudar puede ser vendible y el producto más deseado
Los consumidores actuales buscan algo más que productos y servicios; necesitan experiencias que les permitan conectar profundamente. Ayudar puede y debe ser parte de esa experiencia. Pensemos en el acto de ayudar no solo como un acto altruista, sino como algo que añade valor a la vida de quien lo practica y, por supuesto, a quienes lo reciben, generando un poder inigualable de plenitud.

Si somos capaces de promover objetos de deseo, ¿por qué no hacemos que ayudar sea ese objeto deseado? Ayudar tiene todas las características para convertirse en una -marca- en sí misma: genera emociones positivas, conecta, cuenta historias y nos mueve hacia algo mejor.
Así que, es momento de vender el acto de ayudar como la experiencia más deseada, para bien; pues si nuestras estrategias giran en torno a lo aspiracional, por qué no aspirar a inspirar y a conectarlo con una necesidad; como ahora lo son los productos, servicios y experiencias.
De la tendencia al hábito
Crear una tendencia es algo que dominamos: posicionamos colores, frases y actitudes en algo icónico. Imaginemos entonces, que ya logramos que -ayudar-, sea una tendencia.
En esta instancia, el reto está en hacer que de ser tendencia, se vuelva un hábito. Y así como se crea el del hacer ejercicio y comer bien, mediante la constancia y objetivos alcanzables; así se puede crear una estrategia integral con actos de lo más pequeño hasta lo más grande, desde sonreírle al de al lado y preguntar cómo está, hasta ofrecerle ayuda y volverlo parte de nuestros objetivos primarios; creando la cultura del deseo por ayudar, en algo tan habitual como respirar, comprar y vivir.
La Empatía Como Asset
La empatía es el nuevo -activo valioso-. En un mundo donde la conexión real parece que escasea, el poder de la empatía no puede ser subestimado. Las marcas y empresas que logren hacer de la empatía un eje central, no sólo atraerán consumidores, sino que construirán comunidades fieles y apasionadas y un entorno laboral único.

Por lo tanto, así como vendemos la aspiración de ser mejores, más exitosos o más felices, podemos vender la idea de conectarnos de manera más humana, de volver a lo esencial y de verdaderamente ser quien ayuda al otro y por ende, a sí mismo.
Y ya que estamos alcanzando un escalón más en la responsabilidad social como el máximo estándar del “deber ser” de cualquier empresa consciente; es tiempo de pasar de la responsabilidad social a una “responsabilidad total”. No se trata solo de hacer buenas acciones de vez en cuando, sino de vivir una responsabilidad genuina y permanente con nuestro entorno, posicionándose como uno de los objetivos del plan anual de nuestra empresa y de nuestra vida.
Esto implica que nuestras decisiones de negocio, nuestras campañas y nuestra comunicación reflejen un compromiso total con el bienestar común. Ayudar no debería ser solo una faceta; debería ser la esencia de nuestras marcas, productos y vida diaria; un compromiso que trascienda el marketing para convertirse en una realidad en cada punto de contacto. Convirtiendo esta responsabilidad total en un acto tan natural y automático, como levantarte, lavarte los dientes, comer y tomar agua. Ese algo que aprendemos desde pequeños como esencial y por ende, no solo no se nos olvida, lo sentimos necesario.

¡Llegamos a la Big Idea!
Es momento de vender la idea de ayudar, ¡sí! y no lo propongo para capitalizar monetariamente, sino humanamente; en un mundo en el que cada vez nos alcanza más la tecnología y no sé qué tanto nos alcanza la humanidad. En fin, ya nos encontraremos con esta idea, en otro artículo y en mi webinar.
Así que marcas, empresas, publicistas y PERSONAS, hagamos de ayudar, un estilo de vida. Y mientras tanto en esta vida, yo seguiré de creativa soñadora en una utopía, que aunque parezca lejana, me sirve para caminar y caminar y caminar hacia esta gran idea.
Gracias por leerme hasta acá 😉








