Desde hace ya algunos años, cuando se dieron cuenta de que sus audiencias estaban desapareciendo por la pésima programación que ellos les brindaban, las televisoras se pusieron a inventar que las metodologías de medición ya no funcionaban. Así el primero en actuar fue Ricardín Salinas e inventó que la muestra de IBOPE estaba envenenada y que así él ya no jugaba.
Al poco rato Televisa inventó lo mismo y se fueron cada quien con otras empresas patito, que dizque les medían sus ratings. Qué bonita estaba la cosa, cada quien se inventaba su rating y las agencias de medios fingían creerles. Lo malo es que en esos enjuagues no participa el público: la gente simplemente cada día ve menos TV, abierta o de paga, por tres sencillas razones:
- Hay demasiada publicidad.
- La programación es malísima.
- Existen ahora infinidad de alternativas.
Así las cosas, el último jugador en aparecer en eso de los ratings se llama HR Ratings. Nosotros ya los conocíamos porque se especializan en finanzas y hacen mediciones bursátiles y de otros. A la televisión HR Ratings le está entrando con la metodología de los people meters, que tantos dolores de cabezas han provocado en el pasado.
La muestra es ridícula porque no pasa de los tres mil aparatos cuando, conforme a la técnica de la medición casa por casa se requieren hacer un millón de encuestas… ¡a HR Ratings no le alcanza ni para el arranque!
Lo que está sucediendo es que la economía se sigue moviendo, la gente continúa comprando a pesar de ya no ver televisión, porque ahora el público se nutre de otras fuentes publicitarias, muchas y muy diversas fuentes: el rey ha muerto, vivan los mil y un reyecitos.
Lo que es inadmisible es que haya empresas como agencias de medios, los propios medios, encuestadoras, y otras que le sigan vendiendo a las marcas herramientas de confianza que no son tales porque lo que venden son “otros datos”.







